STRIKE A POSE

C’mon… VOGUE! Strike a POSE!!
La POPair: Barcelona Gay & Bear Party dedicada al maravilloso mundo de las Ballroom fue todo un escándalo lleno de strass, poses, bailes y fantasías que puedes rememorar viendo todas y cada una de las increíbles FOTOS de la fiesta gay más peluda de Barcelona.

POSE: la serie que no te dejaron ver en los 80

Con la escena voguer más viva que nunca, POSE llega a la TV para aportar la fantasía y la veracidad que la cultura de los balls necesita.


¿Y qué es exactamente un ‘ball’?”, pregunta Damon a Blanca, la mujer que acaba de decirle que quiere adoptarle en su casa para participar en uno. “Son reuniones de personas a las que no se les permite reunirse en otros sitios, son la celebración de una vida que al resto del mundo no le parece digna de celebrarse.” Blanca acaba de fundar su casa (la House of Evangelista, después de marcharse de la House of Abundance harta de que su antigua madre la ningunee) y Damon ha llegado a Nueva York con una mano delante y otra detrás después de que su familia le echara de casa al decirles que era gay.  

Blanca Rodríguez (interpretada por MJ Rodríguez)

¿Te parece un poco culebrón? Pues espera. Porque Blanca acoge a Angel (Indya Moore), otra que abandonó la House of Abundance, que se gana la vida como prostituta y se enamora de Stan; un joven heterosexual casado, con dos hijos y un nuevo empleo en las industrias Trump.  

Ups…

Sí, POSE es un culebrón. Como cualquier serie de Ryan Murphy. En su superficie no parece que vaya a contarnos nada que no hayamos visto ya en decenas de series y películas. Un chico gay al que echan de casa, una mujer trans luchando contra la sociedad, un ejecutivo enamorado de una prostituta… Pero en el fondo (tranquilo si no la has visto, no hay spoilers sobre la trama) POSE tiene un poso de verdad y autenticidad que no suele verse en televisión (y mucho menos en el cine). Y es que si POSE parece contar cosas que ya hemos visto tantas veces es porque muchas de las historias que ya te han contado surgieron de la época, el ambiente y la realidad que la serie recrea y a la que durante mucho tiempo no se le ha permitido brillar con luz propia

Lo que viene a ser una reapropiación cultural en toda regla.  

¡Róbame esto, Madonna!

Esa autenticidad en lo que cuenta se ha conseguido gracias a que Ryan Murphy (uno de esos chicos gais que se fue de casa huyendo de la homofobia; que soñaba con triunfar y acaba de firmar un contrato con Netflix por valor de 300 millones de dólares) y sus colaboradores decidieron que POSE estaría escrita, dirigida e interpretada por las personas que vivieron esa época, las que mejor la conocieron o las que pueden representarla con mayor veracidad. El reparto de POSE ha hecho historia al contar con cinco actrices trans como protagonistas (y con más de 50 personajes trans en total); una representación que también está presente detrás de las cámaras; y entre las productoras ejecutivas de la serie está Jennie Livingston, la directora de Paris is Burning.  

Queremos uno de estos para el estudio, ASAP

Lo curioso de POSE es que Murphy y su equipo nos trasladan ese realismo usando todos y cada uno de los recursos de las películas y series de los 80 y los 90. Si tu madre se topa con ella haciendo zapping y ve al gay bailando, se pensará que está viendo Fama o Flashdance. Y la banda sonora, cargada de hits ochenteros, refuerza aún más una sensación pocas veces vista en series y pelis de temáticas LGTB+: la nostalgia. Son muy pocas las veces en las que se pueden ver a personas LGTB+ representados no ya de forma realista, si no de forma optimista. POSE no rehúye el drama que viven sus personajes, pero no se resigna a quedarse solo con eso. Los “balls”, por ejemplo, son un espectáculo visual súper producido y fabuloso; pero la serie es consciente de lo que suponían realmente a nivel social y no los idealiza ni los convierte en ese típico festival de música de la gran ciudad que la chica rubia monísima de Arkansas quiere ganar para convertirse en cantante y triunfar en la música.   

“Esto es un bar, y aquí llegan las coyotes!”

Hasta no hace mucho si tú veías a una mujer trans VIH+ en una película, sabías que iba a acabar fatal. Si era secundaria, muerta. Y si era la protagonista, muerta entre terribles sufrimientos. Series como Transparent u Orange is the New Black han roto ese topicazo argumental. Pero POSE va más allá. No solo no quiere que veas a esa mujer trans VIH+ como una víctima o alguien por el que sentir compasión; quiere esa mujer protagonice la serie que no te dejaron ver en los 80. Cualquier otro movimiento social como la cultura de las voguing balls habría sido el centro de series y películas en los 80 y los 90 hasta aburrirnos. Pero éste estaba oculto, porque lo protagonizaron mujeres trans y hombres cis gay latinos y negros (anda, como en los disturbios de Stonewall). Blanca es una mujer fuerte, valiente y generosa. Las Blancas de la época lo pasaron jodidamente mal, pero también rieron y amaron y celebraron y se ayudaron y triunfaron y se merecen que sus historias se cuenten como siempre se han contado las historias de los demás. Se merecían protagonizar una serie como ésta.

Algo que el colectivo LGTB+ se merece de una vez por todas.  

Pero hay otra cosa que demuestra la grandeza de POSE y lo profundamente significativa que acabará siendo (tiempo al tiempo); y es que, sin dejar de ser muy respetuosa con la realidad que recrea, la serie moldea las historias de los personajes para que (como es habitual en las series de Murphy) funcione casi como un reflejo de la sociedad actual. A unos les servirá para recordar de dónde venimos y a otros para descubrir que no siempre fue fácil. Cuando Blanca le enseña a Damon lo que es el “vogue”, le dice que es como el break dance pero “es algo más, es una declaración“.

POSE es como una serie pero también es algo más. Es un movimiento hacia adelante para el colectivo trans y una llamada de atención al resto del colectivo LGTB. Y es (casi) tan valiente y elegante como las mejores poses de Willi Ninja.

Del “ball” al mainstream: el VOGUE de Madonna

El voguing lo tenía todo para convertirse en un fenómeno mundial, y fue (cómo no) Madonna la que lo consiguió.


Lo que a mí me gustaría es que el vogueing fuera una disciplina más, como el flamenco o el ballet. Que los blanquitos encorbatados se sentaran en el Lincoln Center y pagaran su entrada para verlo“. Eso es lo que, no hace mucho tiempo, decía José Gutierrez en una entrevista tras su aparición en el vídeo All Night de Icona Pop en 2013; una versión ultra estilizada y ultraproducida de una voguing ball del Harlem de los 80.

Si en 2013 un grupo pop como las Icona tomó los balls como idea para el videoclip de una canción pop/dance fue, precisamente, porque en 1990 Madonna cogió lo que más le gustaba de esa cultura y parió VOGUE.

Siendo Madonna como es, que cada vez que se aburre cambia su biografía, es complicado saber las circunstancias exactas en las que se gestó la canción. Pero la historia fue más o menos así. A finales de los 80 tanto Madonna como un ejecutivo de Warner (su discográfica) estaban encantados con los remixes que Shep Pettibone había hecho con canciones anteriores de la artista. Ese ejecutivo, Craig Kostich, contactó con Pettibone y le propuse colaborar con Madonna en su próxima canción.

Pettibone recibió 5000 dólares para componer la música y dos semanas después se la envió a Madonna, que estaba trabajando en la banda sonora de Dick Tracy. Pero además de eso Madonna había seguido viviendo a tope la noche neoyorkina y una noche en el Sound Factory Bar se quedó embobada viendo a dos chicos bailar. Esos chicos eran José Gutierrez y Luis Camacho; también conocidos como José Gutierrez Xtravaganza y Luis Camacho Xtravaganza. Ambos eran miembros de una de las casas latinas que competían en las voguing balls y ambos invitaron a Madonna a conocer ese mundo -hasta la fecha marginal incluso dentro de la propia comunidad LGTB de la época-. Y si Jennie Livingston no pudo resistirse y tuvo que grabar el documental Paris is Burning, Madonna no pudo evitarlo y plasmó sobre la música de Pettibone lo que había aprendido y vivido en las balls. Según contó el productor, la cantante fue tan eficiente que grabó casi toda la canción en una sola toma, metida en una cabina de sonido que había sido un armario de un sótano de Nueva York. La leyenda cuenta que a Madonna se le ocurrió lo de recitar nombres de grandes estrellas del cine mientras viajaba en un avión, la Wikipedia (¡ja!) dice que la idea fue de Pettibone.

Tres semanas después de proponer la idea, VOGUE (que así la tituló Madonna), estaba sobre la mesa de Kostich. A todo el mundo en Warner le pareció tan buena (recuerda, nueve meses antes Deep In Vogue lo había petado en Reino Unido y Estados Unidos) que pasó de ser una cara-B de Keep It Together a ser single. Y aunque no tenía nada que ver con Dick Tracy, la metieron en el disco de la banda sonora (con algunos cambios en la letra, porque al fin y al cabo Dick Tracy era una película de Disney).

C’mon Vogue! Let your Mickey mooove to the muuuusic…

Lanzada en enero de 1990, el éxito de la canción fue instantáneo; pero no llegó a explotar del todo hasta un par de meses después cuando se lanzó el videoclip. Y qué videoclip. Pero al éxito de VOGUE contribuyó muchísimo la buenísima relación que Madonna tenía con la cadena MTV y la buenísima relación que MTV tenía con el que sería el director del vídeo: David Fincher.

¿Te acuerdas de lo que supuso el videoclip de Bad Romance para Youtube hace no muchos años? Pues algo parecido fue lo que ocurrió con Vogue, Madonna, la MTV, Fincher y los videoclips en general. Todos los astros parecieron alinearse y no solo nos regalaron una obra cumbre de la historia del pop sino que llegaron a ser número 1 en ventas en 30 países, vendiendo más de 2 millones de copias en 1 año.

Para el videoclip Madonna tuvo claro que quería seguir contando con Jose y Luis Xtravaganza, además de con Willi Ninja, del que se hizo amiga durante sus ratos de ball.

Madonna junto a Willie Ninja y Jennie Livingston ahí a la izquierda.

El resto de los bailarines del clip surgieron de una audición a más de 500 personas en Los Ángeles y esos mismos bailarines fueron los que más tarde Madonna se llevaría por todo el mundo en la que probablemente sea su gira más icónica: The Blond Ambition Tour. (Hay un documental maravilloso por ahí sobre esa gira y esos bailarines, Strike a Pose, que no te puedes perder).

https://www.youtube.com/watch?v=7Hqh7lwaNKw&

Para el videoclip (el primero de Madonna sin su realizadora habitual, Mary Lambert) Fincher optó por echar la vista atrás a la edad dorada de Hollywood (ya que las estrellas estaban en la canción, era una idea lógica) y rodó todo en blanco y negro y lo iluminó como si fuera una obra de cine clásico. Fincher y Madonna contaron con el trabajo de la artista art-deco Tamara de Lempicka y recrearon en vídeo imágenes míticas como grandes retratos de estrellas de Hollywood o fotografías de Horst P. Horst (al que no le sentó nada bien el homenaje, por cierto).

Como ya era habitual en la época, la imagen de Madonna también causó revuelo. Ya en la época del Like a Virgin la Ciccone se dio cuenta de que su imagen era tan importante como su música, así que nadie pudo evitar (que se atrevieran) a quitarle la (ahora mítica) blusa semitransparente.

El resto, como se suele decir, es historia. VOGUE sigue siendo a día de hoy una de las canciones más conocidas de Madonna y, probablemente, una de las más escuchadas de la historia. Madonna ha seguido interpretándola y reinterpretándola en sus giras y algunas de las actuaciones más icónicas de su carrera fueron con esa canción. Como por ejemplo el auténtico festival que supuso su actuación en los MTV Awards de 1990:

Pero VOGUE no fue solo uno de los mayores éxitos de Madonna, también fue el origen de una de sus mayores polémicas: las acusaciones de apropiación cultural. Si a RuPaul (que estaba ahí y es un hombre gay negro) le acusan de apropiarse de la cultura de los balls para su programa, imagínate lo que se ha dicho de Madonna (que ni es gay ni es negra ni es hombre). 

Terre Thaemlitz (también conocido como DJ Sprinkles y un veterano de las voguing balls) declaró hace años que cuando la Ciccone sacó la canción supo que todo había acabado: “Cogió un fenómeno queer, transgénero, latino y afroamericano muy específico y borró totalmente ese contexto con sus letras. ‘No hay diferencia si eres blanco o negro, si eres un chico o una chica’. Madonna estaba ganando toneladas de dinero mientras la Reina que le enseñó a bailar vogue se sentaba delante de mí en el club, colocada, deprimida y sin un duro.

Pero aunque podemos decir que RuPaul formaba parte de los balls mientras Madonna solo estaba de paso, y aunque lo de RuPaul sea más mantenerse fiel al concepto con el que creció dentro de la comunidad gay que apropiarse de él con fines comerciales (como podríamos decir que hizo Madonna); no se puede negar que Madonna ha devuelto con creces el favor tanto a la comunidad de las balls como a la comunidad LGTB+. Sí, Madonna cogió lo que para muchos era tanto una forma de expresión artística como un discurso político; le quitó la parte reivindicativa (ojo, al voguing, no a las balls) y se quedó con lo fácilmente exportable al mainstream para forrarse.

Aún así la propia comunidad de los balls vive la situación con el corazón partido. Luna Khan (anteriormente Luna Xtravaganza) explicaba que “ella tiene 800 millones de dólares ¿y qué hizo por nosotros? Seguimos viviendo en nuestras casas enanas en Nueva York“, pero a la vez se emociona al pensar en la canción: “Era una canción sobre nosotros. En la letra expresaba lo que era el voguing. Venir al club, olvidar los problemas y sentirse en la pista de baile como alguien fabuloso, como una estrella. Realmente captó la esencia.”

El voguing estaba llamado a ser un fenómeno global, tanto por su espectacularidad como por su significado dentro de la comunidad LGTB+. Y no es la primera vez que la comunidad LGTB+ ve cómo sus referentes, sus expresiones o su forma de entender la vida se vuelven mainstreams cuando menos se lo esperan.

Si no hubiera sido Madonna habría sido cualquier otra estrella la que acabara llevando el Vogue por todo el planeta; y es precisamente gracias a Madonna que hoy en día en cualquier ciudad del mundo se pueden encontrar escuelas que enseñan vogue y compiten en campeonatos; a la vez que transmiten los valores de respeto, superación y apoyo a la comunidad que van intrínsecos en los balls (por mucho que hayan cambiado estilísticamente en los últimos años).

No es más apropiación cultural que Madonna sacara ese single como que un grupo de amigas cis-heterosexuales aprendan los movimientos y hagan coreografías; porque además Madonna nunca ocultó su inspiración y hasta trabajó con miembros de la comunidad para llevar el VOGUE al lugar que se merecía.

10 cosas sobre PARIS IS BURNING que tal vez no sabías

La POPAIR strike a pose! y vamos a homenajear a la cultura de las voguing balls hablando sobre PARIS IS BURNING, el documental que lo empezó todo.

Category is… VOGUING BALLS! Ya sabéis que en la próxima POPAIR (que es el jueves 11 de octubre en la Sala Tango de Barcelona, estáis todos invitados) rendiremos homenaje al mundo de las voguing balls. No hace falta que te expliquemos lo que son, porque absolutamente todo el mundo conoce el VOGUE. Pero para hacer un homenaje como Dior manda a ese momento tan especial (y esencial) de la cultura gay hay que fijarse en el documental que (en cierta manera) lo empezó todo: PARIS IS BURNING.

Decir que PARIS IS BURNING es, probablemente, la obra artística más influyente en la cultura gay de todos los tiempos puede sonarte a exageración, pero en realidad es algo innegable. El legado de todas y cada una de las protagonistas del documental y todo lo que se muestra en él sigue hoy tan vigente como hace 20 años. Y no es una moda pasajera, es que se ha vuelto mainstream. Raro es no escuchar en una conversación (entre gais o con un millenial de por medio) en la que no se escuchen expresiones como “shade”, “shantay you stay” o “realness”; y estamos viviendo muchos cambios sociales que son la realización de los sueños de esas reinas que la directora del documental, Jennie Livingston, capturó con tanto cariño.

​Como PARIS IS BURNING habla por si solo (si lo has visto sabes de qué hablamos y si no lo has visto seguramente ya lo estás buscando en Netflix para verlo cuando acabes de leer) hemos decidido contarte 10 cosas que tal vez no sabías sobre el documental y que, esperamos, te van a sorprender.

1.- Es (más o menos) el germen de Rupaul’s Drag Race

Rupaul junto a Willie Ninja

Te decíamos antes que hoy en día es raro que en una conversación no aparezcan palabras como “shade” o “sashay away”. Que se han oído hasta en la Academia de Operación Triunfo.  Gran parte de la culpa la tiene RuPaul’s Drag Race, no solo porque el programa es una gran voguing ball en la que podemos ver las bambalinas, si no también porque RuPaul lleva usando esas expresiones desde hace décadas y las ha integrado en su discurso. Como RuPaul se acaba de volver mainstream muchos tienen la sensación de que se está apropiando de la cultura voguing… pero cariños, ¡es que RuPaul ya estaba ahí!

Así que no, no se ha apropiado de nada ni está explotando nada que no sea suyo. Es fácil escuchar que el Drag Race y RuPaul roban cosas del documental; pero es que el documental refleja lo que ella estaba viviendo durante esos años.

2.- La directora descubrió las “balls” mientras daba un paseo

La directora, Jennie Livingston

Corría 1983 cuando Jennie Livinsgton, que estudiaba cine en la New York University, paseaba tranquilamente por el parque de Washington Square y se encontró a un grupo de chavales gais que bailaban vogue. En ese momento ella no entendía lo que estaba pasando (imagínate lo que es encontrarte a alguien haciendo voguing en la calle sin saber qué es el voguing ¡porque aún no existe!). Cuando les escuchó hablar se dio cuenta de que no entendía nada de lo que decían (estaban hablando de las “categories” del próximo “ball”).

Vas por la calle y te encuentras esto. ¿Qué haces?

Cuando se lo explicaron se le encendió la bombilla y pensó que ahí había una buena historia para un trabajo de la universidad. Así fue como Jennie empezó a ir a los “balls”, conoció a Venus Xtravaganza y a Willie Ninja, se empapó de lo que veía y comenzó a grabar entrevistas y a hacer fotos. Pero las fotos se quedaban cortas, así que consiguió 250.000 dólares (más tarde tuvo que conseguir 150.000 más para pagar los derechos de la música que sonaba en las balls) y empezó a rodar.

El resto es historia. (Literalmente, es historia, ya lo verás).

3.- Los ultracatólicos casi dejan al proyecto sin financiación

Si a veces enciendes la tele y al ver las noticias te dan ganas no de apagarla si no de saltar por la ventana, que sepas que en los 80 la cosa tampoco estaba mucho mejor (¿alguna vez lo está?). 

Una de las fuentes de financiación con las que Livingston empezó a trabajar era la National Endowment for the Arts, una organización gubernamental que financiaba proyectos artísticos. En 1981 Ronald Reagan intentó cargárselo pero le salió el tiro por la culata y la NEA salió reforzada y para 1989 ya tenía el mayor presupuesto de su historia… y también el mayor escándalo. La American Family Association (el Hazte Oír yanqui, aún siguen dando por saco actualmente) protestó por una muestra fotográfica de Andrés Serrano, financiada por la NEA, en la que se veía un crucifijo dentro de un bote de orina. Y por si eso fuera poco, llegaron las obras de Robert Mapplethorpe

Mientras los políticos se tiraban los trastos a la cabeza Livingston vio que se podía quedar sin financiación (imagínate si la prensa se entera que se dedican impuestos a un documental sobre hombres gais negros) así que durante mucho tiempo ocultó a todo el mundo (salvo a su círculo más cercano) sobre qué trataba el documental.

RECREACIÓN: Livingston esquivando la censura

4.- Fue un éxito de taquilla… hasta que desapareció

Con un presupuesto de casi medio millón de dólares (un pastizal considerable para un documental de una directora novel) Paris is Burning se estrenó en 23 cines y en su primer fin de semana (del 9 al 11 de agosto de 1991, la película más taquillera era Hot Shots!) recaudó 310.000 dólares. Recuperar más de la mitad del presupuesto en un fin de semana pintaba genial, pero al siguiente fin de semana la película desapareció y pasó a circular únicamente en circuitos muy underground.

Durante los 90 era casi imposible ver el documental fuera de Estados Unidos (y dentro tampoco era mucho más fácil). En los 2000 con la llegada de internet y de Youtube alguien decidió subirlo y salvar el mundo. El auge de la cultura del voguing en los últimos años ha hecho que el documental llegue a Netflix y se reestrene y proyecte por todo el mundo. En total ya lleva recaudados unos 3.000.000 de dólares.

​Ni tan mal.

5.- Acusaron a la directora de apropiación cultural

Durante todos estos años a Livingston se le ha criticado duramente por lo que algunos consideran la apropiación de la cultura gay negra para empaquetarla y venderla en un documental. Por si no te has fijado en la foto de arriba, Jennie es una mujer blanca y lesbiana (eso no se ve en la foto, pero lo es).

La propia directora respondió a esas críticas: “Creo que eso es en parte porque cuando una mujer queer hace algo se supone que debemos tener unos estándares más altos que Martin Scorsese o Michael Moore. Cuando hice el documental lo hice en contra de todo un establishment de personas que no querían a una mujer haciendo una película, no querían ver imágenes queer y no querían darte el dinero; lo cual sigue siendo un problema para los y las cineastas mujeres y queer.

Pues algo de razón tiene.

6.- De él salió un hit de los 90 (y no es el de Madonna)

Una cosa es que PARIS IS BURNING haya influido en decenas de canciones y se le referencie (al documental y a los protagonistas) en otras tantas. Pero solo hay una canción que surgió literalmente del propio documental. Sí, Madonna grabó el Vogue con bailarines sacados de un ball… Pero durante la producción del documental Livingston conoció al artista británico Malcolm McLaren que estaba obsesionado con el vogue.

​En 1989 McLaren se llevó a Livingston y Willie Ninja a Londres para que él grabara un vídeo que dirigiría ella sobre la nueva canción del británico. Jennie le dio a McLaren una cinta VHS con material de la película y McLaren se la entregó a sus colaboradores para que samplearan trozos de audio e hicieran un remix. Los colaboradores eran Mark Moore y William Orbit, el remix le gustó tanto a McLaren que lo publicó como single en lugar de la canción original, el vídeo fue un hit y la canción llevó el voguing a lo más alto de las listas de éxitos de Reino Unido y Estados Unidos… nueve meses antes de que Madonna estrenara el Vogue.

​¿La canción? Pues ésta:

7.- Varias de las protagonistas demandaron a Livingston y a los productores

En 1991, cuando se estrenó la película, varias de las protagonistas que aparecían en el documental demandaron a la Jennie Livingston y a los productores exigiendo una parte de los beneficios. Porque, básicamente, no habían cobrado nada. Paris DuPree fue la que más arriba se vino: exigía 40 millones de dólares como compensación por haber usado imágenes de su “ball” sin su permiso.

Los productores explicaron que siempre habían pensado repartir los beneficios entre todos los que aparecían en el documental, pero que para eso primero tenía que haber beneficios. Firmaron un acuerdo con los abogados de todos los demandantes, básicamente porque les dieron 55.000 dólares (a repartir) y porque la mayoría no podía seguir pagando un abogado.

Livingston ha explicado en multitud de ocasiones que tanto su intención como la de los directores siempre fue repartir esos beneficios y que las protagonistas principales acabaron cobrando bastante más de lo que les habrían pagado en una película independiente. Livingston además ha lamentado siempre que gran parte de ese dinero se fuera a pagar a los abogados porque decidieron ir a juicio.

8.- Casi lo convierten en serie musical

Hace unos años el director y guionista Lee Daniels (creador de Empire) confesó en una entrevista que había escrito una versión musical en formato serie de Paris is Burning para la cadena Showtime. Pero nunca se llegó a hacer. Lo explicó en una entrevista en V Magazine: “No sabía qué quería hacer en TV, pero en mí vivía un musical. Y entonces escribí algo para Showtime, una versión musical de Paris Is Burning… Lo escribí y nunca… nunca… era muy profundo, cariño. Era demasiado para los niños, cariño. ¡Era demasiado! Era fabuloso.” Eso no le quitó las ganas de hacer televisión y cuando le propusieron hacer una película sobre Empire él dijo que no, que quería triunfar en la tele y sería una serie.

Curiosamente, unos años después ha sido Ryan Murphy el que en cierta manera ha convertido Paris is Burning en una serie con POSE (la imagen de la POPAIR de octubre). Pero de eso hablaremos en otro momento…

9.- A las feministas no les gustó demasiado

Aunque desde su estreno la crítica siempre ha puesto a PARIS IS BURNING por las nubes, hay un sector del feminismo al que no le hizo (ni le hace) ninguna gracia. La escritoria Bell Hooks lo puso a parir diciendo que el documental glorificaba la sexualidad femenina de las mujeres blancas; además de considerar que el drag es algo profundamente misógino que además no tenía significancia política, artística o social.

Es bastante evidente que el tiempo le ha llevado la contraria, pero por si no le quedó claro la también escritora feminista Judith Butler acusó a Hooks de ser un poquito homófoba: “El problema con el análisis de que el drag es pura misoginia es, evidentemente, que da por hecho que la transexualidad de hombre a mujer, el travestismo y el drag son actividades de varones homosexuales -cuando no siempre es así- y además diagnostica que la homosexualidad masculina tiene su origen en la misoginia.

Que sí, que esto es el blog de una fiesta; pero no te va a hacer daño aprender cosas aunque solo sea para tener tema de conversación durante la POPair STRIKE A POSE.

10.- Forma parte del Archivo Nacional de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

Hace un par de años el gobierno de Estados Unidos (con Obama al frente) decidió incluir el documental en la Biblioteca del Congreso para preservarlo (junto a otras 700 obras -más o menos-) por su enorme significado “cultural, histórico o estético“. Se valoró que en el documental fueran los participantes los que hablaban sobre la riqueza, la belleza, el racismo y la orientación de género. Que venga la feminista de antes a decir que no había nada en los balls salvo misoginia. ¡JA!

Lo que no tiene Paris is Burning es un Oscar, pero casi mejor. El simple hecho de que uno de los documentales más aclamados del año no estuviera ni nominado provocó que la Academia tuviera que modificar la forma en que se seleccionaban los candidatos porque se les notaba la homofobia y el machismo por un tubo.

Los premios que sí tuvo son muchos y muy importantes, como el Teddy a Mejor Documental del Festival de Berlín, el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance, el GLAAD Media Award a mejor documental y el de mejor documental según la Asociación Nacional de Críticos.

​No, en serio. ¿Dónde está la feminista de antes?